La bienvenida se llama el trabajo que demandó 9 meses de actividad, entre bocetos y realización, y un despliegue técnico y físico importante para pintar con óleo en las alturas.
La iniciativa fue de Kive Staiff, director general del Complejo Teatral de Buenos Aires, que invitó a Mlynarzewicz a hacer una obra en el edificio del teatro, ubicado en Córdoba 6056, en Chacarita, que este año celebra sus 80 años. Allí funciona, además, la escuela de titiriteros del Teatro San Martín.
El artista no lo dudó: "Quiero la cúpula", le dijo, e ideó allí una obra dividida en 8 paneles, pero conectada por el ritmo que le dan los colores vibrantes y el dibujo, en el que distintas personas reciben a los espectadores. "Como está en el hall de acceso, quise que la gente esperara para entrar en la sala con alegría", dijo Mlynarzewicz a LA NACION. "Fue un desafío trabajar en un soporte diferente".
Entre la gente, que ayer alternativamente conversaba y levantaba los ojos hacia la obra, estaban el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, y el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi. "La ciudad incorpora hoy un elemento de valor extraordinario, que va a sobrevivir largamente", dijo Staiff.
Al micrófono, Mlynarzewicz explicó el sentido de donar su trabajo: "Es solamente pagar la deuda que tengo con el Complejo Teatral, del cual me he nutrido desde la infancia".
Raquel San Martín
|